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miércoles, 3 de febrero de 2010

¿Dónde están los descendientes de los incas?

Eugenia Chukiwanka es la única biznieta viva del último cacique de Azángaro. Foto: Ronald Elward.
Eugenia Chukiwanka, es una mujer de estatura pequeña, muy vital y de fácil conversación. A sus perfectos 90 años, también está llena de recuerdos.


“Mi padre luchaba por los derechos de los indios y hasta cambió la manera cómo se escribe nuestro apellido”, me dijo cuando conversamos durante una reciente visita a Puno, al borde del Lago Titicaca.

Doña Eugenia no sólo es la única hija viva del líder indigenista puneño Francisco Chukiwanka, sino una descendiente directa del emperador inca Huayna Cápac. Y es con ella que esta historia empezó a develarse.

En Perú debe de haber miles de personas que descienden de los antiguos emperadores incas pero nadie hasta ahora lo ha probado.

Los Choquehuanca, en cambio, (forma tradicional de escribir el apellido) son los únicos que conocen de manera incuestionable su linaje imperial. Un linaje que cubre los últimos 500 años. Y recién en los últimos días esta información se hizo pública.

La memoria histórica.
Uno de mis intereses cuando llegué al Perú fue averiguar qué había pasado con los descendientes de la familia que había gobernado uno de los mayores imperio que tuvo el continente americano.


El origen imperial


Casona Choquehuanca en la ciudad de Lampa, Puno. Una de las propiedades de la familia en ese departamento. Foto: Ronald Elward.
Esta familia desciende de Cristóbal Paullu Inca, hijo de Huayna Cápac y medio hermano de los últimos emperadores Huáscar y Atahualpa.

Cuando llegaron los españoles, ellos supieron retribuir a aquellos miembros de la aristocracia local que juraron fidelidad al monarca español.

Una de las medidas que tomaron fue adaptar el puesto ya existente de Curaca y convertirlos en Caciques - un cargo intermediario entre la corona y el pueblo indígena.



Casona Choquehuanca en la ciudad de Lampa, Puno. Una de las propiedades de la familia en ese departamento. Foto: Ronald Elward.


Cristóbal Paullu Inca fue coronado emperador por los europeos y se convirtió en uno de los miembros de la familia real que más colaboró con ellos. Sus descendientes recibieron títulos de caciques y uno de ellos fue el de Cacique de Azángaro, en Puno.

El cacique recolectaba el tributo de sus indios para la corona española y, con el tiempo, los Choquehuanca se convirtieron en la familia más rica del departamento.

Algunos señalan que también fueron de los más crueles, y se cree que esto habría estimulado una tradición de levantamientos indígenas en esa parte del país.

Lo cierto es que llegado el proceso de Independencia, otro Choquehuanca, José Domingo, cambia los destinos de esta familia.


Alfredo Inca Roca, en Cusco, representa la nueva generación de jóvenes que reclama sus ancestros imperiales. Foto: Ronald Elward.

Sobreviviendo 500 años

José Domingo es un Prócer de la Independencia de Perú, y de ser temidos terratenientes, esta nueva alianza política sella la imagen de su familia como luchadores por el sueño libertario.

Pero la llegada de la República, más que una liberación, fue la estocada final para la clase indígena poderosa.

En 1825 Simón Bolívar acaba con los títulos nobiliarios, lo que anula el título de Cacique. De este modo, al terminar el siglo XIX, todo vestigio de prestigio social y económico de la aristocracia inca había desaparecido.

Algunas familias incluso occidentalizaron su apellido para evitar ser asociados con el “perdedor”.
Alfredo Inca Roca, en Cusco, representa la nueva generación de jóvenes que reclama sus ancestros imperiales. Foto: Ronald Elward.

Una familia, un país

No me cabe duda que la historia de la familia Choquehuanca es también la historia de esta nación. Ellos han sabido sobrevivir a lo largo del tiempo, adaptándose a los cambios que se vivían.

Llegado el siglo XX ellos también lo habían perdido todo: haciendas, dinero, posición social. Pero los tiempos eran otros.


Francisco Chukiwanka Ayulo, líder pro-indigenista, cambió la escritura de su apellido por una versión más indígena. Ca. 1930s. Foto: Eduardo Paredes Chukiwanka.
Francisco Chukiwanka Ayulo, (Pucará, 1877-Lampa, 1957), nieto del último Cacique de Azángaro, y padre de doña Eugenia, cambió nuevamente los destinos de su familia al convertirse en importante líder del movimiento pro-indígena puneño.

A estas alturas de su vida, doña Eugenia tiene la curiosidad de saber quién de las generaciones jóvenes de su familia tomará la posta. Ella es, después de todo, biznieta del último cacique y último eslabón entre el pasado y el presente.


Los incas de Cusco

Pero así como los Choquehuanca siempre conocieron la estirpe de donde venían, irónicamente en Cusco la historia es otra.

En la antigua capital imperial todavía existen los distritos creados por los españoles para miembros de las castas reales, como San Sebastián y San Jerónimo.

Durante años, varias de las familias residentes han reclamado descendencia de linaje imperial. Algunos de ellos incluso han recibido reconocimiento de la ciudad y hasta del país.

Pero por ahora, probar fehacientemente este vínculo ha resultado una tarea difícil.

Es muy posible que debido al olvido y desprestigio social en que cayeron los descendientes de la familia real, casi nadie se interesó en guardar los documentos relevantes.

Pero hoy, lejos de las atrocidades y discriminación del pasado, generaciones más jóvenes y más educadas están volviendo a interesarse en sus orígenes.

Esta labor está todavía por completar. Las iglesias de esos distritos cusqueños todavía guardan los documentos originales que, en su momento, saldrán a la luz y le darán nueva legitimidad a las estirpes olvidadas del Perú.

Al buscar la información sobre el tema encontré que la última investigación se había realizado en los años 40. Y tampoco había mucho más.

Lo más interesante para mí es que fuera de Cusco, donde por años algunas familias han reclamado ascendencia imperial, en el resto del país muy pocos creían que todavía podían existir descendientes de los antiguos emperadores.

No soy historiador, pero como genealogista mis averiguaciones se centraron en verificar si efectivamente todo había desaparecido, como muchos parecían creer.

Mi trabajo se centró en conocer si existían descendientes por línea paterna -ya que eran varios los que señalaban descender de princesas incas casadas con conquistadores españoles- o si los que reclaman hoy en día un linaje imperial, cuentan con los datos necesarios.

En el caso de la familia Choquehuanca, toda la evidencia siempre estuvo ahí. Así que no fue complicado dar con ellos y llegar hasta Puno. Mi trabajo se limitó a recopilar información, ir entrevistando gente y cada persona nueva me llevaba a la siguiente. Hasta que di con doña Eugenia.

El origen imperial .
Esta familia desciende de Cristóbal Paullu Inca, hijo de Huayna Cápac y medio hermano de los últimos emperadores Huáscar y Atahualpa.

Cuando llegaron los españoles, ellos supieron retribuir a aquellos miembros de la aristocracia local que juraron fidelidad al monarca español.

Una de las medidas que tomaron fue adaptar el puesto ya existente de Curaca y convertirlos en Caciques - un cargo intermediario entre la corona y el pueblo indígena.

Cristóbal Paullu Inca fue coronado emperador por los europeos y se convirtió en uno de los miembros de la familia real que más colaboró con ellos. Sus descendientes recibieron títulos de caciques y uno de ellos fue el de Cacique de Azángaro, en Puno.

El cacique recolectaba el tributo de sus indios para la corona española y, con el tiempo, los Choquehuanca se convirtieron en la familia más rica del departamento.

Algunos señalan que también fueron de los más crueles, y se cree que esto habría estimulado una tradición de levantamientos indígenas en esa parte del país.

Lo cierto es que llegado el proceso de Independencia, otro Choquehuanca, José Domingo, cambia los destinos de esta familia

Sobreviviendo 500 años

José Domingo es un Prócer de la Independencia de Perú, y de ser temidos terratenientes, esta nueva alianza política sella la imagen de su familia como luchadores por el sueño libertario.

Pero la llegada de la República, más que una liberación, fue la estocada final para la clase indígena poderosa.

En 1825 Simón Bolívar acaba con los títulos nobiliarios, lo que anula el título de Cacique. De este modo, al terminar el siglo XIX, todo vestigio de prestigio social y económico de la aristocracia inca había desaparecido.

Algunas familias incluso occidentalizaron su apellido para evitar ser asociados con el “perdedor”.


Una familia, un país

No me cabe duda que la historia de la familia Choquehuanca es también la historia de esta nación. Ellos han sabido sobrevivir a lo largo del tiempo, adaptándose a los cambios que se vivían.

Llegado el siglo XX ellos también lo habían perdido todo: haciendas, dinero, posición social. Pero los tiempos eran otrosFrancisco Chukiwanka Ayulo, (Pucará, 1877-Lampa, 1957), nieto del último Cacique de Azángaro, y padre de doña Eugenia, cambió nuevamente los destinos de su familia al convertirse en importante líder del movimiento pro-indígena puneño.

A estas alturas de su vida, doña Eugenia tiene la curiosidad de saber quién de las generaciones jóvenes de su familia tomará la posta. Ella es, después de todo, biznieta del último cacique y último eslabón entre el pasado y el presente.

  
Francisco Chukiwanka Ayulo, líder pro-indigenista, cambió la escritura de su apellido por una versión más indígena. Ca. 1930s. Foto: Eduardo Paredes Chukiwanka.



Los incas de Cusco.

Pero así como los Choquehuanca siempre conocieron la estirpe de donde venían, irónicamente en Cusco la historia es otra.

En la antigua capital imperial todavía existen los distritos creados por los españoles para miembros de las castas reales, como San Sebastián y San Jerónimo.

Durante años, varias de las familias residentes han reclamado descendencia de linaje imperial. Algunos de ellos incluso han recibido reconocimiento de la ciudad y hasta del país.

Pero por ahora, probar fehacientemente este vínculo ha resultado una tarea difícil.

Es muy posible que debido al olvido y desprestigio social en que cayeron los descendientes de la familia real, casi nadie se interesó en guardar los documentos relevantes.

Pero hoy, lejos de las atrocidades y discriminación del pasado, generaciones más jóvenes y más educadas están volviendo a interesarse en sus orígenes.

Esta labor está todavía por completar. Las iglesias de esos distritos cusqueños todavía guardan los documentos originales que, en su momento, saldrán a la luz y le darán nueva legitimidad a las estirpes olvidadas del Perú.

Via: BBC Mundo.

1 comentarios

Anónimo

Yo tengo a mi amigo Angel Huanco que prueba con documentos ser descendiente de Tupac Amaru I. Yo tengo apellido Uscamayta, el mio es de la panaka que desciende de Mayta Qapaq.

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